sábado, 4 de abril de 2009

y todo sin salir de casa


Por razones que no voy a desvelar aquí pero que mis amigos conocen, estoy teniendo una semanita complicada. Tuve que cambiar la cerradura hace dos días y cuando, tras unas gestiones, volvía a casa, me encuentro que no podía abrirla. Eran las 2 de la mañana. Comprenderán mi zozobra. Llamé a una amiga (gracias, Angie) y como quiera que por otro lado debía también ir al hospital si no esa noche, por la mañana, aproveché y fui. Así "hacía tiempo". Cuando acabé con el "asunto hospital" aún tuve cierta conversación y tiempo en una sala de espera con unos chicos hasta que un segurata vino a echarnos expeditivamente. Casi regreso a urgencias ya que, con el frío que hacía y las formas del susodicho casi acabamos con algo más que palabras. Puestas así las cosas (ya eran las 4 y media) decidí darme una vuelta por Madrid a la espera de que amaneciera y poder desayunar con mi amiga. Como quedé con el cerrajero que cuando entrara cerca de donde vivo le avisaría, así hice. No pudo abrirme la puerta por algún misterio de las puertas blindadas y tuvimos que hacerlo por el patio no sin antes romper el tejado, abrir un hueco, saltar a unos 12 mts hacia una diana que resultaba ser la mesa de cámping que tengo puesta en el patio y arañarme convenientemente las manos con los p... cristales que había entre el tejado y la pared del patio. Bien. El cerrajero desmontó todo, vio lo que era, me lo explicó y aunque aun sigo sin entenderlo, de momento la puerta abre y cierra bien. Esta semana no me encuentro demasiado bien de salud y ayer decidí irme a la cama a las 5 de la tarde con intención de levantarme a las 8 o algo así. Cuando me desperté eran las 4 de la mañana del día siguiente y un sexto sentido me dijo que algo no iba bien. Comprobé si estábamos todos... todos? pues no: faltaba Su Majestad, mi gata, en adelante S.M. Decido darme una vuelta, desesperado ya, con mis 2 perras y en efecto, en la zona -valladísima- en el interior del edificio donde vivo, al oírnos pasar vi que se acercaba S.M. Así que regresamos urgentes a casa y la primera estrategia consistió en dejar platitos de comida gatuna en las ventanas que dan a la acera contigua a ese parque vallado. Además y tras varios intentos... empalmando palos de escoba y fregona más bates de béisbol (sí: béisbol) quise hacer un parapeto... Por cierto, antes de esto: me fui, escalera de pintor en ristre, a saltar la p... valla y rescatar a S.M. Cuando me acercaba y como estaba rodeada de chulazos gatunos... se asustaba y no hubo forma así que en esa operación fallida lo único que saqué fue un dolor de espalda pues me caí con la p... escalera. Ya en mi desesperación... pues yo la oía maullar y maullar... volví a la p... valla y observé que tenía un agujero que probablemente hayan hecho los perros y cual marine en Vietnam entré a rescatarla sí o sí. A todo esto que eran ya las 6 de la mañana. Así que con nocturnidad y alevosía fui llamando a S.M., los chulazos se habían alejado algo y llamándola mimosamente como hago algunas veces... la pude atrapar. De nuevo y a la vuelta, ya éramos dos cuerpos por donde pasar por ese agujero que tenía la p... valla. Y ¡claro! si en el lado reverso de la mano tenía arañazos por lo de la otra noche en el patio, ahora tocaba arañarse el anverso, esta vez por las uñas de mi gata, que estaba nerviosa. En fin. Sin más comentarios... en la foto: la protagonista de esta nueva aventura. (Va por tí Jack London: Angie sabe porqué te cito)

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