mi vida había tomado la forma aquella pequeña plaza
aquel otoño en que tu muerte se organizaba meticulosamente
yo me aferraba a la plaza porque tú amabas
la humanidad humilde y nostálgica de las pequeñas tiendas
donde los empleados doblan y desdoblan cintas y telas
yo quería cambiarme por tí, porque te estabas muriendo
y la vida toda dejaba allí de ser la mía
yo trataba de sonreír como tú sonreías:
al vendedor de periódicos al vendedor de tabaco
a a la mujer sin piernas que vendía violetas
le pedí a la mujer sin piernas que rezara por tí
encendía velas en todos los altares
de las iglesias que dan a esta plaza...
pero tan pronto abrí los ojos fue para leer
la vocación de lo eterno escrita en tu rostro.
convocaba las calles los lugares las gentes
que fueron testigo de tu rostro
para que ellos te llamaran para que deshicieran
la tela que la muerte había trenzado en tí.
(
sophia de mello breuner andresen)