jueves, 2 de abril de 2009

dedicado a Paco, con admiración.


En estos días convulsos se nos ha ido Francisco Sánchez. Su nombre es desconocido para la inmensa mayoría pues jamás fue protagonista de ningún programa de televisión, ni de ningún otro medio de comunicación. Tenía 91 años. Nacido justo el mismo día que los bolcheviques asaltaban el Palacio de Invierno en 1.917. Curiosa coincidencia que le hace a uno pensar que tal vez las casualidades no lo sean tanto. Nacido en Abrucena, un precioso pueblo de la provincia de Almería donde según me cuenta una amiga (gracias, T.) esparcirán sus cenizas. de esa tierra dónde nació y a esa misma tierra donde será devuelto de nuevo hay un paréntesis que fue su vida. Republicano y comunista, combatiente (con 19 años) en esa guerra "que perdimos" como me dijera a mí cierto verano, toda su vida fue un largo y sinuoso camino donde hubo siempre una constante: la dignidad. Cuando este país --llamado por algunos España-- era un negro pozo, un larguísimo túnel de pobreza, de carencias y de desesperanzas que se prolongaron durante casi 40 años, Paco, como le llamaban sus amigos, siempre fue un luchador. Habiendo trabajado en fábricas, en los bosques --terreno que dominaba muy bien por cierto-- y como jardinero. Humilde, sencillo, sin cargos en "el Partido" como él llamaba al Partido Comunista de España, nunca quiso, a pesar de su experiencia y sabiduría, ocupar cargos ni prebendas. Jugándose el pellejo durante mucho tiempo --pues guardaba impresoras "vietnamitas" como se llamaban-- donde imprimir la prensa "del partido" en su propia casa, fue también ejemplo de valentía. Se fue de Abrucena a Terrassa (Barcelona) buscando una mejor situación para su familia que según me cuenta mi amiga, nunca lo olvidará. Cuidador de sus hijos, pasó a cuidar a sus nietos con ese mismo estilo humilde y humano, siguiendo y siendo fiel a sus ideas. Autodidacta, su curiosidad por el mundo, su pasión por los atlas para saber dónde estaban los países... su pasión por la política como herramienta del cambio en la sociedad --así lo entendía él-- no como escalera para enriquecerse como la entienden otros y no digo nombres... lo convirtió --sin saberlo ni parecerlo-- en un profundo conocedor de la realidad, eso que algunos llaman sabios. Le gustaba la conversación, dar largos paseos por el campo, el estar rodeado de su familia, de los amigos, no dudaba en ayudar a desconocidos que estuvieran en una situación difícil. Sorprendido por el desplome de su sueño y empezando a no poder comprender ya cómo era, cómo es el mundo --eso empieza a pasarnos ya a unos cuantos entre los que se encuentra el que escribe-- acabó sus días con esa constante que fue la de su vida: la dignidad y la lucha por la justicia. Tanto la fotografía que acompaña esta entrada como el vídeo van en su honor. Pues en realidad no se ha ido: en algún lugar de nuestros corazones siempre quedará un lugar para él. Así que nada de despedidas. Eso queda para los muertos. Y no es el caso.

1 comentario:

  1. Preciosa entrada. Él nos contagió a todos con su alegría y su bondad. Donde haya una risa, una broma o un chiste, siempre podremos ver una parte de él. 'Se farata', decía, cuando jugando al dominó -cuantos buenos ratos pasamos- alguien hacía un movimiento incorrecto. Su máxima ambición siempre fue ver feliz a su familia, su anhelo estar junto a los suyos. Ha sido un hombre muy rico: todos le querían.
    En esa casa que construyó con sus manos está mi niñez, en esa despensa aún debe haber una San Miguel para sus amigos y una botella de ginebra: siempre había un cubalibre de por medio cuando hablaba de política en la puerta del garaje, siempre abierta para quien quisiera sentarse a 'charrar' horas y horas. En ese sótano aún debe estar la bicicleta con la que me llevaba a pasear, una BH azul, que nunca tuvo una mota de polvo. Aún conservo ese dominó 'Chamelo', que siempre estará esperando la próxima partida.
    En todas las cosas buenas siempre habrá una parte de él.
    A.

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